Empecemos por el principio. Los piojos, esos pequeños bichitos que hacen que nos pique la cabeza son parásitos, es decir, necesitan de otros seres vivos para sobrevivir y en el caso de los humanos utilizan nuestro cabeza por el calor que les proporciona.

Lo que hacen estos parásito es alimentarse de sangre humana e irritar la piel debido a que su saliva contiene una toxina (como el mosquito pero en menor cantidad) que causa intensos picores, provocando un rascado incesante que puede llegar a erosionar la piel y causar infecciones, costras o supuraciones. Su tamaño es muy pequeño, se sirven de sus pegajosas patas para pegarse al pelo y pueden vivir hasta 30 días en una persona y sus huevos más de dos semanas.

Cada año entre 6 y 12 millones de personas en todo el mundo se infectan con piojos de la cabeza, la mayoría niños que están expuestos a sufrir un mayor riesgo de contagio en las aulas escolares.

En cuanto al tratamiento podemos combatirlo con champús y lociones y para eliminar la liendre (los huevos) utilizar peines de metal con dientes finos. Para evitar contagios se recomienda lavar material capilar (cepillos, gomas, gorros…) sábanas, coche y cualquier zona que haya podido estar en contacto con la cabeza.

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