En verano pasamos largas jornadas de piscina y playa. Y durante éstas, andamos generalmente entre el agua y la toalla, por lo que en ocasiones pasamos muchas horas con el bañador húmedo.  Este factor, es determinante a la hora de alterar el equilibrio de la flora vaginal, al igual que lo es el hecho de no utilizar productos adecuados para la higiene íntima.

En verano, las condiciones de humedad y calor provocan un incremento de las vulvovaginitis. Este aumento de las vulvovaginitis está provocado, en parte, por las alteraciones del pH vaginal por cosas tan simples como llevar el bañador húmedo durante horas o el cambio en la pauta de alimentación. Pero el pH también puede verse alterado por otras causas bien distintas y alejadas del escenario de las vacaciones, como el uso de compresas o salva-slips, por una higiene inadecuada, por trastornos metabólicos como la diabetes, el estrés, los cambios hormonales inherentes al embarazo o a la menopausia e, incluso, por seguir una pauta de tratamiento con antibióticos.

Los síntomas más habituales de una alteración del equilibro de la flora vaginal son picor, escozor o sensación de quemazón, enrojecimiento local, aumento de la cantidad de flujo con cambios en el olor y en el color. Todo ello puedo incluso desencadenar en infección.  Es a estas afecciones de la vulva y de la vagina, a lo que se le denomina vulvovaginitis.