¿A quién no le ha dado más de una vez un calambre? Muchas veces llegan de sorpresa por la noche y nos hacen pasar un mal rato, y es que aunque la duración del calambre suele ser de un  minuto o dos aproximadamente, el dolor puede tardar en desaparecer unos segundos más, hasta que el músculo se relaje.

Al hablar de calambres nos estamos refiriendo a esos espasmos musculares,  contracciones breves e involuntarias de un músculo. Estas contracciones producen una rigidez en el músculo, provocando su inmovilización por unos segundos y un dolor repentino muy desagradable. Las manos, pies y sobre todo piernas son las zonas más propensas a los calambres.

Si os dan calambres de forma puntual, no hay por qué preocuparse, pero si veis que los sufrís con frecuencia, sería recomendable que acudierais al médico.

Los calambres pueden deberse a que el músculo está lesionado o sobrecargado, o a una falta de minerales y vitaminas. La falta de líquidos también  puede provocar estas molestas contracciones.

De la misma forma, nos puede pasar cuando realizamos  algún movimiento inusual o intenso.