Hasta hace no mucho hemos visto cómo han proliferado las parafarmacias en los centros comerciales con espacios dedicados única y exclusivamente a la parafarmacia. Siempre se han vendido productos de higiene personal o de cura como esparadrapo, tiritas, alcohol, pero a día de hoy, las parafarmacias se han hecho un hueco destacado con facultativos. Pero qué las diferencia de las farmacias.

En la parafarmacia se puede vender todo aquello que no sean medicamentos  o productos que necesiten receta o impliquen el control de un especialista sanitario como puede ser dermatólogos, dentistas… ya que no tiene autorización farmacéutica. Las  leches especiales de bebés tampoco pueden ofrecerse.

 Las farmacias sin embargo, son establecimientos sanitarios donde se dispensan medicinas, medicamentos genéricos, llegan alertas farmacéuticas  sobre retirada de productos y por ello se realiza una atención especializada con la posibilidad de realizar productos, medir la tensión, pesar a los bebés o poseer básculas para los adultos entre otros. Deben ser regentadas por un profesional licenciado. Además estas siempre pueden vender productos que se encuentran en parafarmacia con los mismos precios y proveedores.

Otra diferencia es la ubicación. Las farmacias, por norma general, deben estar alejadas unas de otras como mínimo 250 metros y sufren más trabas para conseguir una licencia de apertura. La forma más evidente de diferenciarlas es por su cruz azul  y no la verde de las farmacias.