La llegada de un bebé es motivo de alegría, pero  la espera, durante los 9 meses, se hace demasiado larga. Una espera que está sometida a diversas pruebas, como por ejemplo, la amniocentesis.

La amniocentesis es una prueba diagnóstica que se realiza durante el embarazo y en la cual se extrae una pequeña cantidad de líquido amniótico con el fin de estudiar posibles trastornos fetales.

Hacerse o no la amniocentesis no es una decisión fácil, ya que esta prueba invasiva supone un pequeño riesgo de pérdida fetal (por debajo del 1%).

Sin embargo se trata de un riesgo muy bajo y también es verdad que una vez que los padres saben que el niño no presenta ninguna alteración cromosómica, viven el embarazo con mayor tranquilidad.

La amniocentesis se recomienda en las siguientes situaciones:

  • cuando el test de riesgo da positivo, es decir, si el resultado es 1/250 o menos
  • cuando la madre supera los 35 o 38 años
  • cuando hay antecedentes de hijo o feto con anomalías cromosómicas o malformación relacionada con cromosomopatía
  • cuando los padres son portadores de alteraciones cromosómicas
  • si existe ansiedad materna, valorada por el ginecólogo.

En el caso de os la hagáis, que sepáis que habitualmente se realiza alrededor de la semana 15 o 16, más o menos al cuarto mes de embarazo.

Vuestro médico os informará mejor que nadie sobre esta prueba, los beneficios y  riesgos que tiene,  y si hay un diagnóstico positivo, sobre las consecuencias del mismo.